El pos-confinamiento es clave para la equidad educativa

A pesar de los esfuerzos para controlar la pandemia de COVID-19, se ha tenido que adoptar la medida lógica de cerrar los centros educativos para imponer el distanciamiento social dentro de las comunidades. El hecho es que la pandemia de COVID-19 ha interrumpido el aprendizaje de más de 8.237.006 de estudiantes no universitarios en España y se ha planteado la alternativa de utilizar programas de aprendizaje remoto, a través de Internet o la televisión, o una combinación de estos, si están disponibles.
La desigualdad en el apoyo familiar indispensable para el aprendizaje desde casa, así como la desigualdad en la accesibilidad a Internet y la disponibilidad de dispositivos para apoyar la continuidad remota de la educación para todos los estudiantes, se ha vuelto claramente evidente. Las evidencias indican que los cierres prolongados tienden a tener un impacto desproporcionadamente negativo en los estudiantes más vulnerables (Thomas, Wang y Fan, 1999).
Los estudiantes que no han contado con el adecuado entorno humano y tecnológico, previsiblemente, sufrirán un retraso en el aprendizaje con respecto a sus compañeros, creándose una brecha educativa entre iguales.
Reconocer esto y tomar medidas audaces ahora para salvar la creciente inequidad y la brecha educativa es fundamental para el futuro.
Los problemas más preocupantes que se aprecian en España, pueden agruparse en tres categorías:

  1. Limitaciones económicas y/o culturales, pero dentro de un entorno familiar funcional. En los entornos sociales de bajos ingresos y nivel cultural, y en general dentro de familias que cuentan con menos recursos para ayudar a sus hijos en el desempeño de sus competencias académicas, ya sea por
  2. Problemas por disfuncionalidad familiar y/o del entorno social. Entre aquellas familias disfuncionales que no están en disposición de ofrecer las condiciones emocionales más propicias para que los estudiantes estén adecuadamente acompañados para enfrentar sus retos escolares, o que, por las circunstancias que sean, no reciben el apoyo mínimo imprescindible, por parte de su centro educativo.
  3. Estudiantes que ya presentaban dificultades en el aprendizaje. Aun es los casos funcionalidad familiar y estabilidad económica, aquellos estudiantes que ya por sí, cuentan con necesidades específicas de apoyo educativo o necesidades educativas especiales, han podido verse retrasados en su plan.
    Lo que estamos aprendiendo de COVID-19, similar a lo que hemos visto en pandemias anteriores, es que la preparación es crucial. Se sabe que la brecha educativa estará, quizás no se sepa la magnitud con precisión, pero conviene estar preparados para el peor escenario, en el que incluso podría darse un nuevo brote para el próximo curso, para lo que deberíamos estar preparados con un plan de respuesta.

Esto facilitaría la “recuperación” una vez superado el primer golpe de la crisis, minimizando el impacto negativo en la equidad educativa.
Nuestro plan incluye la coordinación con comunidades educativas y la capacitación de voluntarios para evaluar el nivel de competencia de los estudiantes en el desempeño de sus objetivos académicos y para recuperar en julio en tiempo perdido.
Con este tiempo de recuperación, no solo se busca llevarles al nivel de dominio de contenidos esperado para su curso, sino también, prepararles para que sepan aprender por sí mismos, con alto rendimiento y motivación. Con este impulso los estudiantes, las familias y los centros educativos podrán volver a preparar el siguiente escenario educativo, afrontarlo con mayor efectividad y volver a reforzar la equidad con menor brecha en el futuro.
Es fundamental trabajar conjuntamente y entre todos, podremos aprovechar esta crisis como una oportunidad para introducir nuevos modos de aprendizaje que puedan llegar a todos, prepararse para emergencias y hacer que el sistema educativo sea más resistente.
Nuestro proyecto tiene un carácter complementario, por lo que conviene que los proyectos educativos formales respondan desde ya, con efectividad.
El cierre de escuelas ha llevado a la pérdida de la rutina y la supervisión. Además, el acceso a servicios como las comidas, el apoyo pedagógico y tecnológico especializado, no ha estado disponible, y los servicios sociales y de protección infantil ha trabajado como han podido. Al mismo tiempo, la violencia doméstica ha ido en aumento. En esta situación, aquellos que son más vulnerables sufrirán más. Es importante que estos desafíos se aborden para evitar el aumento de la brecha educativa.
Una vez que los estudiantes, docentes y demás trabajadores de los centros educativos regresen a sus tareas, es esencial que se restablezca la salud y la seguridad con prácticas mejoradas de salud y saneamiento seguidas de manera inclusiva con instalaciones, información y comunicación accesibles para todos los estudiantes y el personal (MEFP, 2020).
El Sistema Educativo español, con sus 17 variantes comunitarias, debe mantener a los docentes y directivos comprometidos y trabajando durante y posteriormente al confinamiento para garantizar la continuidad de los servicios educativos, detectar y salvar, en la medida de sus posibilidades, las desigualdades detectadas. Los maestros juegan un papel esencial para salvar la desigualdad de oportunidades que ha supuesto el confinamiento (Alasuutarih, Savolainen y Engelbrecht, 2019).
Responder a la crisis de COVID-19 y recuperarse de ella requiere un enfoque inclusivo, que cuide a todos los estudiantes, incluidos los niños y jóvenes con discapacidades y otros estudiantes en riesgo de exclusión social.
Esta amenaza puede ser una gran oportunidad para que el Sistema Educativo se haga más inclusivo en la práctica y pueda ayudar a todos los estudiantes a retomar el camino tanto ahora como después de la crisis.
Nuestro proyecto, estará en preparación mientras tanto y en julio tendremos la primera intervención de Los Inclusivos.

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